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Librerías y libros electrónicos

08
Junio
2009
libreros — @ 07:23 Tags:

El original en el blog Libros y bitios de José Antonio Millán.

Nuestros lectores recordarán el proyecto de Palabras Mayores, creado por la agente literaria Carmen Balcells y el distribuidor de e-books Leer-e.

Palabras Mayores vende libros en formato electrónico, que se podrán leer en dispositivos dedicados (e-books), o en el ordenador. Muchos de los autores de Carmen Balcells están a la venta en esta nueva editorial, como Marsé.

Aparte de las librerías virtuales, como la propia de Leer-e, estos libros se venden también en librerías normales: el comprador adquiere en ellas un cupón válido para una obra (arriba), que contiene un código de descarga que permite que la obra baje a su e-book.

Esta operativa preserva la librería como el lugar privilegiado donde se compran los libros: cualquier tipo de libro, y además puede ser una forma de introducir en la lectura electrónica a las personas (que las hay) que se resisten a dar su tarjeta de crédito por Internet.

En la actualidad, según Leer-e, hay una cincuentena de librerías donde se venden estos cupones. He aquí un mapa de esas librerías (que no contiene la totalidad de los establecimientos donde están a la venta, me advierten):

Joker cómics. Un bloglibrero

04
Junio
2009
libreros — @ 05:47 Tags:
jokercomics.JPG
1.- ¿Qué o quién te movió a abrir un blog?

Queríamos aumentar los canales de comunicación con nuestros clientes

2.- ¿Ha afectado el blog a tu actividad en la librería?

Sí, aunque no hemos llegado a desarrollar como queríamos el mismo, (se ha convertido prácticamente en un tablón de anuncios de las novedades que recibimos y las actividades que realizamos, el apartado de reseñas, por ejemplo, lo tenemos un poco abandonado por falta de tiempo) sí que le tenemos que dedicar un tiempo que hay que robar de otras tareas de la librería

3.- ¿Está especializada tu librería en algún género? ¿Cuántas personas sois? ¿Todos tienen blog?

Estamos especializados en cómic. Trabajamos 5 personas y dos tienen blog

4.- ¿Tienes lector de ebooks? ¿Conoces a alguien que tenga? ¿Tú qué prefieres como lector: libro papel o libro electrónico?

No tengo lector de eBooks, pero si conozco gente que tiene, claro. Para el cómic prefiero el papel, creo que es un medio en el que es más importante el soporte, es un terreno en el que se mira mucho el diseño, la reproducción, el tipo de papel…

5.- ¿Cuál crees que será el futuro del libro electrónico en España? ¿Ves a las editoriales predispuestas en algún sentido sobre el tema?

Evidentemente va a hacerse con un porcentaje del mercado, eso es inevitable, auqnue no veo a las editoriales (ni a las librerías, ojo) muy dispuestas a aceptar la situación

6.- ¿Ves algún género más proclive a tener más éxito que otros en el formato electrónico? Al revés: ¿acabará el libro electrónico con el libro en papel, sea en general, sea en algún mercado concreto?

Me da la impresión de que los libros técnicos y los de referencia van a ser los más afectados, ya que es donde más ventajas ofrece el ebook sobre el papel. En los best seller más grandes tampoco se va a notar tanto como parece (no creo que los lectores ocasionales, los que leen un libro o dos al año vayan a comprar ebooks) ni en los libros de las editoriales más exigentes, que ofrecen libros con valor añadido de diseño y producción, es en el best seller medio, donde más se va a notar en literatura, creo yo.

7.- ¿Qué opinas sobre los DRM con que se está publicando los títulos de los primeros libros electrónicos de esta segunda intentona?

No conozco el tema como para opinar

8.- Cambiando de tercio, ¿hay más libreros con blog que conozcas? En caso afirmativo ¿nos puedes indicar algunos de sus blogs?

El único que me viene a la cabeza es el de loslibrerosrecomiendan

9. ¿Utilizas o estás presente en alguna red social (Facebook, linkedin….) o utilizas herramientas de la denominada web 2.0 (Googlegroups, Twitter, Youtube….)? ¿qué valoración haces de las mismas?

Sí, estamos en facebook y también participo en un par de googlegroups, aunque menos de lo que me gustaría.

La librería de 'El día antes de la felicidad' de Erri de Luca

03
Junio
2009
libreros — @ 21:21 Tags:
Bajando por el callejón en el que vivía, había tiendecitas de librerosque vendían a los estudiantes. Fuera tenían los libros usados de oferta en cajas de madera, sobre la acera. Empecé a ir por allí, a coger un libro y ponerme a leer sentado en el suelo. Uno me echó, fui a otro y ése dejó que me quedara. Un buen hombre, don Raimondo, alguien que entendía las cosas sin explicaciones. Me dio un taburete para que no leyera en el suelo. Después me dijo que me prestaba el libro si se lo devolvía sin estropeárselo. Le contesté que gracias, que se lo devolvería al día siguiente. Me pasé toda la noche acabándolo. Don Raimondo vio que era persona de palabra y me dejaba llevarme a casa un libro al día. (Erri de Luca; El día antes de la felicidad; pag. 15)

El libro de las librerías

02
Junio
2009
libreros — @ 07:29 Tags:

Leído en Hipercrítico.

Por: Juan Terranova. 

La primera imprenta del cono sur estuvo en lo que hoy es el Paraguay. La trajeron los jesuitas en 1764. Para la autotestima cultural de nuestra capital, ciudad centralísima en la periferia del mundo, el dato no es detalle. Lo extraigo de El libro de los libros, una cuidada edición en octavo que se define a sí misma como “la primera guía de librerías de Buenos Aires”. Pero si Paraguay imprimió primero, el orden narcisista porteño se restablece enseguida. Buenos Aires es la ciudad de las librerías. En América del Sur, arrasa. “Con tres millones de habitantes (y una importante población diurna fluctuante que también compra en librerías porteñas), hay más locales dedicados al comercio de libros en Buenos Aires que en todo Brasil con ciento noventa millones” dice el editor y librero Guido Indij en la cita presentación.

Anagnórisis 1

Y cuando Indij empieza con los datos, es muy probable que se de una situación de sorpresa y raro reconocimiento. Sí, Buenos Aires es una ciudad de librerías, lo cual significa que es una ciudad donde circulan muchos libros. Alguien puede llegar a preguntar: ¿Cómo? ¿No es así en todas partes del mundo? Y la respuesta es: No, no es así en todas partes del mundo. El patrimonio comercial-cultural de las librerías en Buenos Aires es inmenso. ¿Hay que cuidarlo? Creo que sí. Pero no con falsos discursos, afeites pomposos y moral de almacenero. Lo que hay que hacer es ir y comprar libros ahí. Cuidemos las librerías de Buenos Aires, sí, pero también tengamos en cuenta que controlando el precio de los libros, cuidamos a los lectores.

Déjate guiar

Fácil de consultar y llevar, El libro de los libros es, entonces, una completa y esmerada guía de las trescientos cincuenta librerías de Buenos Aires. Hay muchas formas de leerla. Se la puede tomar como una lista de locales, como un mapa de Buenos Aires, como una guía de recorridos turísticos o intelectuales. Está dividida por zonas: El Sur, El Bajo, Avenida Corrientes, el Centro, el Norte, Palermo, Belgrano y “Riobas”. Pero también por rasgos temáticos: de viejo, de anticuario, de saldos, especializadas. La parte más emotiva del libro, sin embargo, la recorta el propio lector sobre la grilla de la ciudad con su experiencia.

Anagnórisis 2

Leo la parte que me toca y me emociono. Trazando el mapa de mi biografía encuentro los lugares donde compré mis primeros libros y donde sigo comprando. Están las ferias del Parque Rivadavia y del Parque Centenario como hermanas mayores, y también la isla de la Plazoleta de Primera Junta, como prima lejana, pobretona pero no por eso menos querida.

Están Biblos y Gambito de Alfil, frecuentadas cuando iba a la facultad. Están las sucursales de Cúspide, en Rivadavia 5045, y la de Yenny, en la misma avenida, pero en el número 5054, como si fueran casi el mismo local, uno de mano par y otro de mano impar. Está Libro Shop donde una vez compré un libro que había escrito yo y que estaba saldado. Está la librería El Gaucho, de Neuquén al 700, se consiguen ejemplares de El soviet argentino o El Tercer Reich sudamericano. Está Cobra Libros sobre Aranguren, que abrió hace poco. Y Los Cachorros, de Díaz Vélez, enfrente del Hospital, donde comprábamos con mi hermano novelas decimonónicas con olor a cloroformo. Y finalmente está Caligari, ese especie de negocio anfibio –planta baja y subsuelo– sobre el que ya escribí alguna vez y al cual le tengo especial cariño.

Los libros son mercancías

Recomiendo enfáticamente, entonces, la adquisición de El libro de los libros. Es un libro lleno de alegría y puede ser disfrutado incluso por aquellas personas que no son clientes habituales de las librerías de su ciudad. (Quizás sobre todo ellos deberían tenerlo y leerlo.) Sin embargo, a veces avanza demasiado rápido sobre la metonimia y la librería pasa a ser el libro sin cortes ni distancias (El título es, en este sentido, elocuente.) La librería, como los libros, puede ser mítica pero también decepcionante. Incluso las dos cosas al mismo tiempo. Pero aparte de eso, tiene una faceta de la cual los libros carecen, que es la experiencia. Por más subrayado o intervenido que esté un libro la mugre está en ellos armada con palabras. Pero en las librerías, es real. Por eso me llama la atención la frase de la guía con la que Reynaldo Sietecase elogia a Eterna Cadencia. No hablo de la librería, que siempre me pareció excelente, sino cierta concepción del objeto libro y su relación con el entramada social. Sietecase dice: “No cualquiera puede traficar libros. Un libro no es un martillo ni un repollo. Sólo quienes aman los libros deberían estar autorizados a venderlos”. Entiendo que el ánimo es aquí humanista y lo respeto, pero, stricto sensu, si eso ocurriera, simplemente tendríamos menos libros y también menos lectores, porque habría muchos menos lugares donde comprarlos. Lo cual no excusa, por supuesto, la ineptitud –rayana en la imbecilidad– de muchos, aunque no todos, los empleados de las sucursales que las cadenas tienen en los shoppings, para poner un ejemplo. Con respecto al repollo o el martillo, la comparación me retrotrae al famoso “alpargatas sí, libros no”, una frase opaca o esclarecedora dependiendo cómo se la lea. Para usar un libro hay que estar alfabetizado. Si no es así, el libro se transforma en arma de dominación. En ese sentido, Indij acierta cuando sitúa como formadores de lectores –y libreros– al entorno familiar y a la educación pública y gratuita. Sobre estas dos células comunitarias, que parecen sobrevivir, mal que mal, a los malos gobiernos y al desarrollo de un individualismo abusivo, se afirman las librerías porteñas. Una cosa más. Es imposible, o desagradable, comerse un libro. Y resulta muy difícil usarlo para clavar un clavo. Aunque quizás se pueda con el lomo de una vieja enciclopedia, en todo caso, no es lo ideal.

25 años de la librería 80 Mundos

01
Junio
2009
libreros — @ 06:09 Tags:

Leído en La Verdad

El Grup 10, que engloba a las librerías representativas de la Comunidad Valenciana rindió ayer en 80 Mundos de Alicante un homenaje a Fernando Linde como gerente de este espacio cultural y sus 25 años de historia. Pere Duch, de la librería Babel de Castellón, señaló poco antes de entregarle una plaza conmemorativa que no solo es importante abrir una librería sino mantenerla abierta y que sea «un referente para los compañeros». Duch afirmó también que Fernando Linde «además de vender libros, está presente en diferentes colectivos del gremio, y realiza actividades que ha convertido 80 Mundos en un «punto de encuentro cultural, desde la modestia de una librería».
Espejo para los libreros
Pere Duch insistió en que 80 Mundos es «un espejo en el que se deben mirar muchos libreros de toda España».
Por su parte Fernando Linde recordó a algunos de sus compañeros que llevan más tiempo que él, 32 años, en su profesión, y aseguró que el Grup 10 «mantiene el mismo concepto y actividades con el objetivo de fomentar la lectura. «En estos momentos que existe un debate sobre el futuro del libro, en papel o electrónico, «entendemos las librerías como puente cultural y deberemos seguir allí». «Llevo toda la vida dedicada a los libros y si miro hacia atrás ni he hecho ni haría otra cosa», aseguraba Linde en la presentación del 25 aniversario. 80 Mundos se caracteriza además por ofrecer actividades culturales hace años. Durante todo este año Linde, con la ayuda de Esther Martínez, en el Fórum 80 Mundos, pretende celebrar este aniversario «acercando la librería a la sociedad alicantina» y con novedades como la creación de un concurso literario de ámbito nacional, Misterio en la Librería que se centra en el género de relatos breves de intriga convocado desde hoy y que se fallará el próximo viernes 5 de junio.
El premio para el ganador será un lote de libros valorado en 500 euros y un fin de semana a elegir en uno de los hoteles de la cadena Abba en España.
Más  información en Las Provincias

Neruda, Pinochet y su librero

30
Mayo
2009
libreros — @ 06:28 Tags:

Declaraciones de Jorge Edwards:

"Me encontré con Rafael Linardi, que tenía una librería de viejos, y me contó que sus dos mejores clientes eran Pablo Neruda y Augusto Pinochet".

"Lo encontré muy divertido e insólito. Pinochet le encargaba todo lo que tenía que ver con historia militar, con geografía y con biografía de militares. Neruda, en cambio, era un amante de libros viejos", rememora.

La librería de los editores independientes

29
Mayo
2009
libreros — @ 12:03 Tags:

pippab.jpg

Acaba de abrir sus puertas en París.  La librería Pippa regentada por Brigitte Peltier pretende acoger los fondos de los editores independientes.

Desconoz si en España existe una iniciativa parecida con este planteamiento. Quedaría siempre una pregunta: ¿los fondos de qué editoriales debería recoger?

Adios a las librerías (1). Desde Nueva York

29
Mayo
2009
libreros — @ 06:26 Tags:
Una entrada de Toni Furió leída en el blog de la UNE.
Pocas cosas hay más agradables que pasear sin rumbo, sorprenderse en cada nueva esquina, dejarse atrapar por los atractivos inesperados de una ciudad, en vez de intentar atraparlos armado de planos y guías turísticas. Es lo que los franceses llaman flâner, un verbo de no fácil traducción al castellano y que exige practicarlo para entenderlo cabalmente. Y pocas cosas más agradables que visitar librerías para, además del goce que supone hojear las novedades expuestas en las mesas o escudriñar en las estanterías, si es que te gustan los libros, penetrar en los gustos y los intereses de las gentes que habitan la ciudad.
Sin embargo, las librerías están sufriendo por todas partes una doble transformación. Cada vez hay menos y las que sobreviven o las que se abren de nuevo, son todas cada vez más parecidas. Las librerías pequeñas y medianas, las librerías de librero, las que aseguraban la biodiversidad de la cultura y el pensamiento, están desapareciendo, y su lugar está siendo ocupado por las grandes superficies, interesadas sólo en dos tipos de libro: los textos escolares y los best sellers, es decir, los que son negocio. Pueden dedicar un amplio espacio a pilas y pilas de un mismo título, porque su venta asegura una buena rentabilidad por metro cuadrado, y en cambio no dedicar ni un centímetro o dos de visibilidad al lomo de un libro de ensayo, de un libro académico, de un libro de fondo, porque su venta es más incierta o irregular, esporádica. Y el interés primero del buen mercader es hacer caja todos los días.

Con los libros universitarios, como con muchos otros buenos libros, puede pasar y pasa como con muchas películas, que ni siquiera llegan a estrenarse; ni siquiera llegan a las pantallas porque a los propietarios de las salas de cine no les interesan: perderían dinero si las exhibiesen en vez de programar la película norteamericana de turno, de rentabilidad asegurada, aunque sea mala y de consumo y olvido inmediatos. Las librerías se están llenando también de eso, de libros de consumo y olvido inmediatos. De libros prescindibles, sin interés. Y eso no sólo pasa en las grandes superficies, sino también en las secciones de libros vinculadas a cadenas o establecimientos comerciales, como El Cortes Ingles, la Fnac o la Casa del Libro, que es donde cada vez más la gente suele comprar los libros. Cada día se parecen más. Cada día las secciones y los libros que tienen expuestos son los mismos. Para mal, naturalmente. En la Fnac ya hace tiempo que los libros de ensayo y de ciencias sociales en general han quedado reducidos a la mínima expresión. Ahora les ha tocado el turno también a los libros de historia y de humanidades, que han perdido espacio considerablemente y, por tanto, en la lógica mercantil de los mercaderes de libros, prestigio e interés. Incluso los libreros --aunque sería mejor decir los dependientes de la librería o el estratega comercial que se encarga de su distribución en mesas y anaqueles-- hacen trama y te cuelan entre los libros de historia novelas históricas, bazofias sobre los templarios y los cruzados, mamotretos esotéricos y fraudes colosales como las obras de César Vidal y Federico Jiménez Losantos.


El retroceso espacial de los libros de historia ha sido ocupado inmediatamente por los manuales de autoayuda, las guías de viaje y las obras sobre espiritualidad y misterios, incluidos los religiosos. Es el signo de nuestro tiempo. Al menos en Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, donde las librerías tradicionales, pequeñas, cierran, y las secciones de libros de los grandes almacenes reducen sus pretensiones a la comercialidad y la irracionalidad más absolutas. Irracionalidad, porque no se me ocurre otro nombre de sección para todos estos libros de esoterismo, espiritualidad y autoayuda que ahora triunfan y ocupan los estantes donde antes se apiñaban los libros de pensamiento, cultura y buena literatura.


No es del todo el caso de Nueva York. También en los Estados Unidos y en los países anglosajones en general se ha producido el fenómeno de concentración y simplificación del mapa de librerías. Cuestan de encontrar, pero todavía hay librerías pequeñas, medianas, espe­cializadas o generalistas. Pero el mapa aparece dominado ya por las grandes cadenas (como Barnes and Nobles, al igual que Waterstones y Borders en Inglaterra), que repiten el mismo modelo, y, por tanto, la misma oferta, por todas las sucursales que tienen abiertas por toda la ciudad. No hay sorpresas, no hay emoción. Entras en una nueva librería y sabes que vas a encontrarte lo mismo que acabas de ver en la anterior. Y además, en el paquete, pocas cosas que valgan la pena. Quizá, de vez en cuando, alguna buena novela o algún buen ensayo, sobre todo de política o economía, medio ocultos entre la oferta apabullante de libros intranscen­dentes, que serán rápidamente olvidados cuando una nueva remesa de libros igualmente prescindibles venga a sustituirlos. Con una sola excepción: las obras de economía.


En la librería de Barnes and Nobes que tengo más a mano, cerca del Rockefeller Center --y donde entro, mientras afuera, ante la sede de la cadena de televisión NBC un pequeño grupo de manifestantes vocifera contra la influencia izquierdista en los medios de comunica­ción--, las secciones de historia y de ciencias sociales son tan pobres y decepcionantes como en todas partes. Nada bueno, nada de interés, con alguna honorable y aislada excepción. Y además, tienes que ir a buscarlos al sótano, en una ubicación recóndita y humillante. Bien, no es por nada, pero los títulos de historia, humanidades y ciencias sociales representan entre los dos tercios y las tres cuartas partes de la producción anual --y del fondo-- de las editoriales universitarias españolas. También de las university presses norteamericanas, cuyos títulos tampoco están presentes en las librerías de las grandes cadenas. Las editoriales universitarias, que publican mucho y muy bien, no venden sus libros en este tipo de librerías. Lo que significa que existen otros canales de distribución y venta.
Pero lo que me interesa destacar aquí, para cerrar esta primera nota previa a la inauguración de la BEA de este año, es la insólita presencia de los libros de economía en una librería comercial como Barnes and Noble. Insólita por la gran cantidad y diversidad de títulos --de economía en general, de management, de investment, de bussiness, de empresa...-- y por su emplazamiento en un lugar de honor como es la planta baja del establecimiento, nada más entrar. Lógicamente este lugar de preferencia y esta profusión de títulos sólo se explican si los libros de economía se venden mucho, Y es que parece que los análisis, tesis y profecías de los economistas suscitan entre los lectores norteamericanos un interés parecido al que suscitan las obras de espiritualidad, esoterismo y autoayuda entre los lectores españoles. Bien mirado, y aunque alguien podría argüir que la economía no deja de ser también una materia esotérica, los lectores norteamericanos, en contra de los tópicos que los presentan como casi analfabetos, despreocupados intelectualmente y menos curiosos culturalmente que los europeos, no sólo se preocupan más por los problemas reales y contemporáneos --la mitad de los libros de economía tratan de la crisis de 2008, sus causas, sus consecuencias, sus posibles soluciones, sus analogías con la de 1929--, sino que buscan explicaciones racionales. Los lectores españoles, a juzgar por las secciones y los títulos que triunfan en las librerías, parecen más preocupados por los misterios irracionales y por cómo ayudarse uno mismo (no importa si muchos de los autores de estos libros son norteamericanos, como aquél espabilado que se ha hecho rico preguntando a todo el mundo quién se ha llevado su queso).

Antoni Furió

Libreros y Google

28
Mayo
2009
libreros — @ 11:55 Tags:

El número 778 de Livres Hebdo de 22/05/09 nos acerca la noticia del acuerdo alcanzado entre tres librerías francesas y Google para 'embeber' en las páginas de las primeras la posibilidad de 'hojeo' que googlebooks facilita.

Las librerías que participan en el mismo son Gibert Joseph, Decitre y Chapitre.

Sería interesante saber cómo lo ven las librerías españolas.

Librerías y bibliotecas

27
Mayo
2009
libreros — @ 06:22 Tags:

Leído en Paradigma

Una de las cosas que nos llamó poderosamente la atención del Congreso de Libreros fue el alto nivel de las ponencias presentadas, lo que denotaba un trabajo previo de selección de gran rigor y meticulosidad. Por encima de todas queremos destacar la titulada “Los concursos de suministros de fondos bibliográficos a raíz de la Ley de Contratos del sector público”, presentada por la Librería Canaima de Las Palmas. En ella se muestran algunos de los concursos públicos de Canarias -2.321.701 euros- y se indica a qué empresas han sido concedidos. Ninguno de ellos ha recaído en librerías –con establecimiento en la calle-; tampoco, ni que decir tiene, a ninguna librería de Canarias.

Todo esto nos lleva a formularnos algunas reflexiones:
1. Los pliegos de condiciones de los concursos públicos de adquisición de libros son redactados por gerentes ajenos completamente a la problemática del libro.
2. Se valoran con generosidad cosas como el tejuelo, forrado de los libros, catalogación y la incrustación de bandas magnéticas antirrobo. Todos estos servicios son propios de la profesión bibliotecaria y no librera.
3. Se lleva a cabo una valoración desmesurada del factor precio, cuando todos los profesionales del sector sabemos que, una vez efectuado el 15% de descuento obligatorio a bibliotecas, el margen residual que queda en estas operaciones es prácticamente ninguno.
4. Consideramos que este traslado de margen a la biblioteca debería ser soportada a partes iguales entre la librería, el distribuidor y el editor.


5. Ha llegado el momento de recapitular sobre el IAE –Impuesto de Actividades Económicas- en la medida en que sólo se debe otorgar a empresas de venta de libros con establecimientos al público.


6. Sin defender un proteccionismo localista y/o provinciano, sería razonable que las administraciones fueran conscientes de que la mejor protección de las librerías locales viene propiciado por el que recaigan sobre ellas las dotaciones institucionales. La protección de las librerías debe ser un tema prioritario para las administraciones públicas.
7. Cegal debe comenzar a impugnar, a través de sus servicios jurídicos, todos los concursos de suministros de fondos bibliográficos que no respeten la protección de las librerías.


Es evidente que hay que favorecer la competencia, pero entre libreros y librerías; a nadie beneficia, ni al sector ni a las librerías, el apoyo a empresas sin estructura que montan un chiringuito de suministro a bibliotecas desde la cocina de la oficina de un particular. El apoyo real y efectivo a las librerías (no papelerías) empieza a ser una cuestión de Estado.