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Mis libreros (Juan Mata)

libreros 13-04-2009 GTM 1 @ 09:04 Tags:
El original en el blog de Juan Mata, Discreto lector.
¿Qué sería de los lectores sin los libreros? ¿Cuántos felices descubrimientos no les debemos a ellos? ¿Cómo imaginar una biografía lectora sin su sombra, sin su colaboración?

A lo largo de mi vida he sido cliente de muchas librerías, he tratado con muchos libreros. Si los he abandonado ha sido, por lo general, porque ellos me abandonaron antes. Es decir, cerraron la librería. Soy un cliente fiel, estable. No me gusta la dispersión. A la hora de comprar prefiero recorrer caminos transitados, recalar en espacios familiares. En mis viajes, me emociona conocer nuevas librerías, sobre todo si tienen un nombre llamativo o una fachada decadente o un interior con recovecos, pero en mi ciudad tiendo a la rutina. Salvo en caso de urgencia, prefiero la reincidencia.

La librería a la que acudo habitualmente se llama Atlántida y está ubicada en la Gran Vía de Granada, a espaldas de la catedral. Después de muchos años me siento parte del entramado, entro y salgo despreocupadamente, sé que mis gustos y mis manías están ya incorporados al ambiente. Disfruto además del privilegio consuetudinario, regio, de entrar sin dinero y comprar un libro, sostenido el gesto en una confianza mutua, antigua.

Si acudo a esa librería no es por su amplitud o su inabarcable fondo bibliográfico (en realidad es más bien estrecha y el flujo incesante de las novedades crea amontonamientos y obstáculos), sino porque allí me encuentro cómodo, soberano, bien atendido. La responsabilidad de ese bienestar es de los libreros que la atienden, Claudio y Mercedes, o Mercedes y Claudio. En realidad no son los dueños de la librería, sino dos empleados, pero para mí son los verdaderos libreros.

Ambos son gentiles, eficientes, sabedores. Me ofrecen la seguridad de que localizarán cualquier libro que les solicite, por muy rara o recóndita que sea la editorial. Y eso me tranquiliza. Conocen mis preferencias y me anuncian las novedades que suponen que pueden interesarme. Puedo conversar con ellos sobre libros, gustos, autores, tendencias. Son receptivos y agradecidos. Cada Navidad me regalan la pequeña joya que la editorial Aguilar publica para la ocasión, los ambicionados 'crisolines'. Me tratan con deferencia, afectuosamente (aunque en ese sentido no creo tener ventajas). Me allanan el camino hacia los libros deseados, me descubren los ignorados. Se disculpan cuando piensan que no pueden atenderme adecuadamente. ¿Qué más puedo desear como lector? Soy afortunado.

Me parecía que les debía este reconocimiento público.

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