Librerías y lectura
libreros 30-06-2009 GTM 1 @ 17:31 Tags: Pasen_y_lean Librerías_y_lectura Javier_Cercas Luis_Gutiérrez_RojasLuis Gutiérrez Rojas. Psiquiatra
Ideal (Granada)
18.X.2005
Andan a la gresca nuestros queridos libreros. Y no les falta motivo. Las nuevas leyes con respecto al libro acabaran por cerrar las pocas que siguen en pie. Las grandes superficies que ofrecen descuentos descomunales con grandes regalos han acabado por comerles todo el terreno. Los padres de familia con hijos en edad escolar, viven asustados por el redondeo del euro y por lo caro que está todo por lo que no tienen más remedio que acudir a ellas para ahorrarse algún dinero.
Algunos pensarán que da igual comprar libros en un gran almacén o en una tienda especializada. No están equivocados. Están muy equivocados. Somos muchos los que vivimos condenados a sufrir la enfermedad de la lectura compulsiva. No es que nos obliguen a leer, es que no podemos dejarlo. Somos de esa rara especie que gasta el dinero que no tiene y no debe porque acaba de encontrar un libro escondido en la más recóndita de las estanterías que le ha llamado poderosísimamente la atención. Y hablamos con otros lectores compulsivos de los que nos fiamos y nos recomiendan nuevas joyas publicadas hace mas de 50 años que nos hablan de lo que somos, lo que vivimos y lo que pensamos. En fin, podría tirarme así un buen rato. Por eso asisto con preocupación a la desaparición de esas pequeñas catedrales de la cultura que son las librerías. Por eso resumiré algunos de los peligros que nos acechan.
En primer lugar hay que decir que España es un país que se publica mucho y muy malo. Solo tienen que ojear las listas de éxitos para comprobar que auténticas bazofias literarias como los libros de Dan Brown o Ken Follet se tiran años entre los más vendidos. El peligro de las grandes superficies es que solo se centran en eso, en las novedades, best-sellers y libros del momento (biografías absurdas o ensayos novelados de alguna noticia actual). Por ese motivo el peligro de perder las librerías es que la oferta disminuirá muchísimo y se reducirá a lo más leído, es decir, a lo más malo.
Es sencillo de entender, ocurre lo mismo con otras artes: las ciudades que tienen pocas salas de cine y pocos espacios escénicos están obligadas a centrarse en lo peor del panorama nacional (lo que vende) mientras que aquellas que disponen de más posibilidades arriesgan por obras más sugerentes e interesantes.
A los lectores avezados les encanta redescubrir clásicos, encontrar libros raros de ediciones limitadas y editoriales microscópicas difíciles de encontrar. Pues bien mientras que en las librerías de siempre nos dan mil y una facilidades para buscar dicho título y hacérnoslo llegar, en los grandes centros nos responden con un escueto: no lo tengo y pare usted de contar.
Por otro lado las grandes superficies equiparan la dignidad del libro a la de un simple pepino. Venden obras literarias como el que vende calzoncillos. Sólo tienen que darse una vuelta por dichos lugares para ver como los libros se amontonan en grandes cubos como si todos fuesen iguales. ¿Y qué me dicen de las ofertas? Vender libros en un 2X3 o en un 4X3, es rebajar su nivel a la altura del yogur y la sandía.
Además ordenan las obras por cualidades tan simples como el color o el tamaño y así es frecuente encontrar joyas como: “la montaña mágica” con títulos de gran profundidad intelectual como: “100 ejercicios para tener menos culo”.
Por último no debemos olvidar que estamos asistiendo a la desaparición absoluta de la figura del librero, profesión que actualmente está en peligro de extinción. Todos los grandes escritores han reconocido que su universo literario se ha nutrido de dos o tres tiendas especializadas. Es más su pasión por la lectura ha comenzado en esos pequeños santuarios que les han enseñado a amar los títulos.
El librero en muchas ocasiones se ha convertido en el guía que ha sabido asesorar a sus clientes aconsejándoles según sus gustos y costumbres. Con todos mis respetos a los grandes centros allí el personal vende libros y al día siguiente le mandan a vender aspiradores. Que no les extrañe que pasen cosas como la que le ocurrió a un amigo mío que quería comprar El Quijote y la dependienta la dijo que tenía que facilitarle el nombre del autor y la editorial.
Entiendo que aún así muchos me dirán que la cuesta de septiembre es muy empinada y que el ahorro económico en los libros de texto ayuda a poder subirla. Es cierto, quizás sea labor del legislador el proteger este comercio especializado como bien común que no podemos perder, defendiéndolo de la competencia feroz y desleal de los templos del consumo.
Porque no podemos olvidar que con la destrucción actual de la red de librerías asistiremos a una deserción, mayor si cabe, del mundo de la lectura. Se producirá un empobrecimiento del lenguaje. Desaparecerá el gusto por la historia y por hacerse preguntas. Asistiremos en definitiva al funeral por el eterno descanso de la lengua castellana, la muerta más muerta de las lenguas vivas.

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